La ropa en la pandemia y su poder en el bienestar emocional | Clothing during the pandemic and its power on our emotional well-being

A casi un año de haber comenzado la pandemia por Covid-19, los efectos son evidentes en prácticamente todos los sectores de la sociedad. Incluso en la industria de la moda contamos ya con datos duros sobre sus repercusiones económicas, industriales y sistemáticas. Pero hoy no vamos a hablar de eso sino de la ropa en una escala personal. Nuestras emociones están íntimamente ligadas a la moda. ¿Qué puede significar eso en un ambiente tan crítico como el actual?

El impacto psicológico es una de las afectaciones colaterales más importantes de la pandemia. El ‘Corona blues’ y los síntomas de ansiedad y depresión que tantas personas han sufrido este año son una causalidad más de la crisis. La productividad aspiracional, junto con las preocupaciones de la pandemia, terminaron por agotarnos. El cuidado personal y el bienestar se convirtieron entonces en prioridad. Desaceleramos. Nos permitimos descansar y hemos adoptado medidas para luchar contra la angustia emocional a través de recursos creativos que nos ayudan a manejar nuestras emociones. Con la ropa pasó algo curioso… comenzamos a darle menos importancia. Nos preguntamos realmente qué hace la ropa por nosotros, y la realidad, es que puede hacer tanto como queramos. 

Con el paso del tiempo, gran parte de la industria de la moda se ha convertido en un sistema que no pretende más que vender productos a cambio de falsa autoestima y estatus, pero no tiene por qué ser sólo así. Hay un significado mucho mayor detrás de qué nos decidimos poner todos los días. La psicología de la moda va mucho más allá del marketing, del sentido de validación social y de la cultura de consumo.

La psicóloga Dawnn Karen identifica tres casos de uso en la moda: Utilizar cierto estilo para encajar en un grupo social, el uso de elementos con valor emocional y el acto consciente o inconsciente de elegir la ropa para influenciar un estado de ánimo. De acuerdo con Karen, la ropa puede ser usada tanto para enmascarar un sentimiento como para sanarlo o potenciarlo. Es decir que tu ropa es una herramienta que tiene el poder no sólo de reflejar tu personalidad y de capturar tu esencia sino también de influir en tu ánimo.  

La moda tiene una dimensión de expresión que actúa como una dosis de escapismo en momentos difíciles. De ahí viene el término ‘Dopamine dressing’ o dopamina del vestir, que es la práctica de usar ciertos tonos de ropa o incluso estilos para hacerte sentir mejor. Y aunque no quiero simplificarlo a algo como un ‘tutorial de cómo vestirte para ser feliz’ porque no me parece que sea así de fácil, sí quiero que entendamos que la forma en la que nos vestimos tiene una fuerte influencia en cómo nos sentimos.

A partir del confinamiento, muchos hemos cambiado nuestra forma de vestir. Para mi, los zippers y los botones de verdad son una cosa del pasado, mientras que otros al contrario, han aprovechado la intimidad como una forma para experimentar y probar estilos y siluetas extravagantes. Y no es que ninguna esté bien o mal, es que ambas son normales. Nuestra vida cambió y la ropa va de la mano, la moda está intrínsecamente ligada a nuestro comportamiento, nos da un reflejo de cómo vivimos. Lo importante aquí es que, sabiendo el impacto que puede tener en nuestras emociones, elijamos conscientemente nuestra relación con ella. Usémosla como lo que es, una herramienta personal para sentirnos cómodos, física y emocionalmente. Encuentra aquello que te haga sentir como una versión de ti mismo que te guste y que te ayude a estar en paz. En momentos inciertos, la autoexpresión es una herramienta que nos permitirá entender quiénes somos; usemos la ropa de esa forma. Que vaya de acuerdo a lo que estás viviendo, que refleje quién eras, quién eres y quién quieres ser.


The meaning of clothing during the pandemic and its power on our emotional well-being

It’s been almost a year since the Covid-19 pandemic began and the impacts are obvious in pretty much every sector of society. Even in the fashion industry we already have solid data on its economic and systematic repercussions. But today we are not going to talk about any of that, instead, I would like to speak about clothes on a personal scale. Our emotions are intimately linked to fashion, what can that mean in an environment as critical as the one we’re living at?

The psychological impact has been one of the pandemic’s biggest collateral effects. The ‘Corona blues’ and the symptoms of anxiety and depression that so many people have suffered this year are just one more outcome of the crisis. Aspirational productivity, along with pandemic concerns, ended up draining us. Personal care and well-being then became a priority. We slowed down. We allowed ourselves to rest and have been taking steps to tackle emotional distress through creative resources that help us manage our emotions. Something curious happened with clothing … we began to give it less importance. We really wondered what clothes do for us, and the truth is, that they can do as much as we want them to.

Over time, a lot of the fashion industry has become a system that seeks for nothing more than selling products in exchange for false self-esteem and status, but it doesn’t have to be just like that. There is a much greater meaning behind what we decide to wear every day. The psychology of fashion goes far beyond marketing and consumer culture.

Psychologist Dawnn Karen identifies three wearing cases in fashion: Using a certain style to fit a social group, the use of items with emotional value and the conscious or unconscious act of choosing clothes to influence a mood. According to Karen, clothing can be used both to mask a feeling as well as to heal or empower it. In other words, your clothes are a tool that have the power not only to reflect your personality and capture your essence, but also to influence your state of mind.

Fashion has a dimension of expression that can be used as a dose of escapism in difficult times. That’s where the term ‘Dopamine dressing’ comes from, which is the practice of wearing certain colors or styles to make yourself feel better. And although I don’t want to simplify it to something like a ‘tutorial on how to dress to be happy’ because I don’t think it’s that easy, I do want us to understand that the way we dress has a strong influence on the way we feel.

Since lockdown, many of us have changed the way we dress. For me, zippers and buttons are seriously a thing of the past, while other people on the contrary, have seized intimacy as an opportunity to experiment and try out outrageous styles or silhouettes. And it is not that neither is good or bad, it is that both are normal. Our life changed and clothes went with that change. Fashion is intrinsically linked to our behavior, it gives us a reflection of how we live. The important thing here is that, knowing the impact it can have on our emotions, we consciously choose our relationship with it. Let’s use it for what it is, a personal tool to feel comfortable, physically and emotionally. Find what makes you feel like a version of yourself that you like and that helps you be at peace. In uncertain moments, self-expression is a tool that will allow us to understand who we are; let’s wear clothes that way. Clothes that go in terms of what you are living, that reflect who you were, who you are and who you want to be.

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