Lo que aprendí de la ropa de invierno | What I learned from winter clothes

Texto: Fernanda Rodríguez (@ferrodriguezcal)

Pues oficialmente sobreviví a mi primer invierno europeo. No fue fácil, confieso. Pero se intentó, y se logró. Con tantos pendientes que tenía al venir para acá y con la cantidad de cosas emocionantes en cuanto a la escuela, el idioma, la cultura y demás, admito que la ropa era de lo último en mi cabeza. Es por eso que al final, su significativo rol en mi semestre me tomó por sorpresa. 

Yo crecí en Playa del Carmen, en el sureste mexicano. Donde es verano todo el año y es socialmente aceptado ir al banco en chanclas y traje de baño. Con el riesgo de que piensen que soy una exagerada, me atrevo a contarles que cuando me mudé a Guanajuato, no tenía pantalones ni zapatos cerrados para llevarme a la ciudad. Creo que agarré dos jeans que estaban en mi closet – sin usarse en años porque solo me los ponía para cuando íbamos de visita a la CDMX – y les juro que aguantar los tenis todo el día fue un martirio las primeras semanas. 

De nuevo abusando del drama, pero me parece muy divertido pensar que por muchos años era rara la vez en la que me ponía un pantalón o un suéter, ni se diga una chamarra o unas botas, e inimaginable pensar en un abrigo o una bufanda. Incluso dejando el tema de la ropa de lado, el invierno en general era para mí más bien un misterio. ¿Menos de 10 grados en el día? ¿Temperaturas inferiores a 0? ¡¿Nieve?! ¡¡¿¿ÁRBOLES SIN HOJAS PERO NO ESTÁN MUERTOS??!! ¡¡¡¿¿¿POR QUÉ NO HAY SOL SI SON LAS 4:30???!!! Todos estos cambios que me iban sorprendiendo en la marcha hoy los veo como aprendizajes inesperados pero también sumamente interesantes. Y la ropa, como siempre, terminó por enseñarme mucho más de lo que uno esperaría de simples pedazos de tela. 

La ropa de invierno es muy particular porque además de las funciones habituales de expresión individual y de conexión social que siempre involucra la moda, la utilidad de mantenerte caliente juega un papel primordial. Que la ropa sirva para cubrirte del frío no es noticia para nadie, de hecho es bien sabido que esa necesidad fue el origen y causa de que la inventáramos en primer lugar. Sin embargo, con toda la serie de facultades y usos que la moda ha ido evolucionando a través de la historia, en lo personal siento que tenía esta función un poco olvidada; a lo mejor simplemente porque nunca la había valorado lo suficiente.  

En los habituales 30 grados de México, estás más preocupado por quitarte prendas que por ponerte. La aplicación práctica de que la ropa te caliente, puede incluso volverse un obstáculo para tu comodidad. Estando acá tuve que descubrir asuntos como la ropa térmica – que por cierto gracias al cielo por su existencia, el orden correcto de las capas al vestir, el valor de las suelas antideslizantes y la magnitud de tener una buena bufanda. Aunque suene obvio, uno no valora estas cosas hasta que no las necesita, y fueron estas enseñanzas – a lo mejor medio básicas pero sorpresivas – que me permitieron estimar más que nunca aquel rol primario de la ropa. Cuando detrás de la moda, la ropa vuelve a ser solo para calentarte. Pienso que hay algo de magia en reencontrarse con ese principio.

Por otro lado, gracias al estilo de la gente a mi alrededor, también descubrí hechos trascendentales como el encanto de vestir en gama de colores neutros y el sentimiento de poder que te da usar un abrigo – por Dios, ¿podemos hablar de eso? Suena cliché, pero juro que es cierto. Todos los estereotipos y expectativas del estilo francés sobrio y clásico, pero chic y refinado resultaron ser ciertos y me dejaron lecciones importantes en cuanto a la creatividad en la simplicidad y la armonía en la repetición. Entonces aunque sí, la verdad sí extraño los escotes y las faldas, también agradezco esta serie de reflexiones que me dejó el frío. Además, como quiera ya llegó la primavera.


What I learned from winter clothes

Text: Fernanda Rodríguez (@ferrodriguezcal)

Well, I officially survived my first European winter. It wasn’t easy, I must confess, but I tried and certainly succeeded. With so much on my mind coming here and so many exciting things to worry about in terms of school, language, culture and so on, I admit that clothes were the last of my priorities. That’s why the role they ended up having in my semester took me by such surprise.

I grew up in Playa del Carmen, in the Mexican Caribbean. Where it’s summer all year round and it’s socially acceptable to go in flip-flops and a bathing suit to the bank even. At the risk of you thinking I’m being dramatic, I dare to confess that when I moved to Guanajuato, I had no pants or closed-toe shoes to take with me to the “city”. I think I grabbed two jeans that were in my closet — unworn for years — and I swear that for the first few weeks, wearing tennis all day long was a torture.

Again abusing the drama, but I find it very funny to think that for many years I rarely wore a pair of pants or a sweater, let alone a jacket or boots, and unimaginable to think of a coat or a scarf. Even leaving clothes aside, winter in general was a mystery to me. Less than 10 degrees in the day? Temperatures below 0? Snow?! TREES WITHOUT LEAVES BUT THEY ARE NOT DEAD??!! WHY IS THERE NO SUN IF IT’S ONLY 4:30???!!! All of these changes that surprised me on-the-go, today I see them not only as unexpected but also as fascinating lessons. And clothing, as always, ended up teaching me much more than what one would expect from simple pieces of fabric.

Winter clothing is very particular because, in addition to the usual functions of individual expression and social connection that fashion always involves, the utility of keeping you warm plays a primary role. The fact that clothing helps cover you from the cold is not news to anyone, it is well known that it was this motivation what made us invent them it in the first place. However, with all the different uses that fashion has evolved ever since that moment, I personally feel that I had this first function a bit forgotten; maybe simply because I had never valued it enough.

In the usual 30-degree weather in Mexico, you’re more concerned about taking clothes off than putting them on. The practical application of having your clothes warm you up can even become an impediment to your comfort. By the contrary, while being here I had to discover things such as thermal clothing — which by the way thank god for its existence, the right way of layering clothing, the value of non-slip soles and the importance of having a good scarf. As obvious as it may sound, you don’t value these things until you need them, and it was these lessons — perhaps a bit basic but still surprising — that allowed me to appreciate more than ever that primary role of clothing. When behind all the fashion, clothing goes back to just warming you up. I found some magic in rediscovering that value.

On the other hand, thanks to the style of the people around me, I also discovered other transcendental facts, such as the appeal of dressing in a neutral color palette and the feeling of power that comes with wearing a coat — for God’s sake, can we talk about that? It sounds cliché, but I swear it’s true. All the stereotypes and expectations of that classic yet chic French style turned out to be true and left me with important lessons on the creativity within simplicity and the harmony within repetition. So even though yes, I do miss cleavages and skirts, I am also grateful for this series of insights that the cold weather left me with. Besides, spring is already here anyway.

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