Moda vs. Feminismo

Por mucho tiempo tuve un dilema horrible en mi cabeza con el que hasta hace muy poquito logré hacer las paces. Hoy quiero por fin permitirme expresarlo para el entendimiento de los demás. Primero, porque me gusta hablar de lo que pienso, pero sobretodo, porque creo que es hora de permitirme dejar de explicarle a las personas por qué puedo llamarme feminista y dedicarme a la moda al mismo tiempo. Al menos ahora cuando pregunten, podré mandarles el link de este post y no tendré que gastar esfuerzo y saliva en intentar explicar por qué la moda y el feminismo no están peleados entre sí, o al menos, por qué no deberían estarlo.

Viniendo de un papá que se autoproclama un hombre feminista, sobra decir que fui criada como una yo también. Siempre se me inculcaron los valores y objetivos del movimiento y nunca en mi vida he dudado ni un solo segundo de estar a favor del apoyo y soporte de las mujeres. Sin embargo, en mi vida he tenido otros intereses además de este, muchos con los cuales me he sentido insegura y algunos incluso que he llegado a considerar incoherencias en mi personalidad, la moda siendo uno de ellos. Voy a intentar ser más clara: desde pequeña me encanta la ropa, los zapatos, las pasarelas, las modelos, el glamour. Mis papás decían que de niña, solo necesitaban decirme que algo era rosa con brillitos para ganarse mi confianza y convencerme de lo que fuera. Las princesas eran mi más grande anhelo y no me podía imaginar una meta más grande en la vida que vestirme con vestidos hermosos. No sé cómo ni por qué pero nunca pude explicarme la razón de esta pasión tan extraña por la moda.

Y conforme fui creciendo mis gustos no cambiaron mucho, pero sí mi visión de los mismos. Empecé a convencerme cada vez más de que muchas de las cosas que me gustaban no eran más que gustos banales y superficiales que no me aportaban nada bueno ni a mi ni a mi causa. Y el motivo por el cuál me convencí de esto lo tocaré más adelante, pero el punto aquí es que pronto caí en el conflicto que les mencioné al principio. Me encantaban la moda y el estilo, pero también sentí por mucho tiempo que esto iba en contra de la lucha que yo tanto decía proclamar. Digo, cómo podía, por un lado decir que estaba a favor de la liberación de la mujer y en contra de la opresión del patriarcado y de los estigmas sociales, y por el otro lado, tener mi cuarto lleno de revistas Vogue y de maquillaje. Caí sin querer y sin darme cuenta en creer que la feminidad que tanto me gustaba era el enemigo directo del feminismo, y que por lo tanto, yo no solo era una hipócrita, sino que además estaba traicionando mis creencias y al resto de mi género al disfrutar de aquello.

Y justo aquí quería llegar, porque la razón por la cuál me convencí de esto no se dio sin fundamento. Vamos, estoy consciente de que la belleza se ha convertido en una medida del valor de una mujer. De que las imposiciones sociales también son privaciones de apariencia, mandatos de una imagen pre-generada que vemos todos los días y en todos lados, de un estándar de belleza exigido. Claro que sé que las modelos, las actrices, los dobles estándares, el Photoshop, la cultura de las cirugías estéticas y el maquillaje son aspectos que muchas veces transmiten mensajes opresores a las mujeres. Entiendo entonces el por qué llegué a pensar que la moda era el enemigo. Entiendo por qué se puede llegar a pensar que hay que oponerse a todo lo relacionado como causa de estas demandas. Entiendo por qué hay que estar en contra de cualquier imposición de imagen que pueda afectar de alguna manera la libertad psicológica o por lo menos el autoestima de una persona.

Pero el problema se genera aquí mismo, y es que en el proceso de ir en contra de todo lo establecido para proteger a las mujeres, terminamos dejándonos llevar por la idea de que cualquier muestra de moda o belleza convencional es un ataque en contra de la libertad y capacidad como ser pensante de la mujer, lo que significa una rivalidad entre la feminidad y el avance de las mujeres.

Causando entonces que muchas otras mujeres no puedan expresar sus gustos, sus preocupaciones o sus intereses por miedo a ser consideradas anti-feministas. Terminamos por suponer que los gustos por la moda, el maquillaje, ciertos tipos de revistas, música o incluso por ser madre o esposa significan una automática traición a la comunidad femenina.

Si algo les puedo asegurar es que esta confrontación generada entre la moda y el feminismo es un retroceso terrible en el desarrollo feminista. Y es que terminamos enjuiciando y haciendo enemiga a una industria que no tendría por qué significar algo opuesto al feminismo, sino todo lo contrario. La moda no es más que un vehículo de la expresión personal de cada quién, y el hecho de juzgarlo como frívolo y superficial termina por contribuir más aún a esa mentalidad machista en donde alguien más decide qué es superficial y qué no.

La industria de la moda es una empresa que puede llegar a tocar identidades, sueños, arte y personalidades; entonces, ¿Por qué catalogarla como algo vacío y frívolo cuando podemos usarla a favor? Y peor aún, en esta confusión hemos terminado por mandar a la lucha del feminismo por otro lado. El feminismo no debe de ser un asunto de apariencias. El feminismo tiene en principio el propósito de construir un mundo en donde las mujeres, TODAS, tengan la oportunidad de tener una vida en donde puedan ser quienes quieran ser y sean capaces de expresarse como ellas decidan. Se trata de hacer posible que las mujeres, de nuevo, TODAS, vivan libres de violencia y de cualquier tipo de agresión, asegurando que tengan acceso a educación, cuidados, salud y pagos justos. ¿En qué momento terminamos entonces por creer que se trata de cómo se ven o de qué manera se visten?

El feminismo no debe buscar mejorar la autoestima de las mujeres, sino darle el valor justo a sus personas. El feminismo no es acerca de ir en contra de lo que es considerado bello en una mujer sino acerca de restructurar la sociedad para que la juventud, la belleza y la sensualidad no signifiquen su valor.

Por otro lado, la industria de la moda festeja su influencia, su estética y su cultura, pero hasta ahora ha fallado tomando las responsabilidades políticas que esa influencia implica. Es hora de que las personas dentro de la industria comencemos a entender este mensaje, pero es hora también de que los que están fuera de ella entiendan que el feminismo trata de valores, no de apariencias, y que por lo tanto, ser femenina, tener estilo o estar a la moda no tiene nada que ver con estar en contra de esta declaración, pues la estética de una persona no tiene por qué contraponerse ni con su intelecto ni con sus actos.

El feminismo actual debe de expandir sus horizontes. Dejar de preocuparse tanto por cuánto Photoshop se le pone a las modelos y concentrar sus energías en resolver como usar esta industria tan fantástica como una herramienta de empoderamiento, que en lugar de afectar pueda apoyar a las mujeres, siendo un medio más por el cuál puedan expresar quiénes son, sin juicios, sin críticas, sin etiquetas, ante una sociedad tolerante y abierta.

Fashion vs. Feminism

For a long time I had this horrible dilemma going around in my head and it was only recently that I came to terms with it. Today I want to finally express it for others to understand. Why? Well, First of all, because I enjoy talking about how I feel, but most importantly, because I believe it’s time for me to stop explaining to people why can I consider myself a feminist and work in fashion at the same time. At least now when they ask I can just send them the link to this post and that way I won’t have to waste my energy in trying to explain why fashion and feminism aren’t enemies, or at least, why they shouldn’t.

Being raised by a father that considers himself as a feminist, it goes without saying that I grew up as one too. I was taught the values and objectives of the movement and never in my life have I doubted about standing up for those beliefs.

However, I’ve also had other interests besides feminism, many with which I’ve felt insecure and even considered as inconsistencies in my personality, fashion being one of them. I’ll state this more clearly: Since I was a little girl I’ve always loved fashion, the clothes, the shoes, the runways, the models, and the glamour. My parents used to say that all they needed to tell me to get me convinced about something was that it was pink and had sparkles.  Princess were my biggest passion and I couldn’t imagine a better life that one where I could dress with beautiful dresses. I don’t know why but I could never understand this weird passion of mine

And as I grew up, my interests didn’t change much, but my vision of them did. I convinced myself more and more of the idea that many of the things I liked were trivial and superficial and weren’t contributing at all to me nor my cause.  And the reason why I convinced myself of this I’ll explain it later, but for now the point is that I soon conflicted myself because I loved fashion and style but I felt like they were against the fight I proclaimed. I mean, how could I say that I was in favour of women’s liberation and against the oppression of patriarchy but on the other hand have my room full of beauty magazines and makeup. I fell without realizing in believing that the femininity I loved was feminism’s biggest enemy, and therefore I was not only a hypocrite, but also I was betraying my gender and my own beliefs.

And that’s where I was looking forward to get, because the reason I convinced myself of this for so long wasn’t random. I mean, c’mon, I’m well aware of the fact that beauty has become a measurement of women’s value, that social impositions are also judgments of appearances, mandates of a pre-generated image of a beauty standard demanded by society. Of course I know that models, actresses, double standards, Photoshop, plastic surgery culture and makeup are things that often portray an oppressive feeling to women. I get why I came to think that fashion was the enemy. I get why one can get to believe that we have to stand against everything related as a cause of these demands. I get why we do not have to hold with any imposition of appearance that can affect in any way the psychological freedom of someone, or even its self-esteem.

But the problem emerges here, because in the process of going against everything stablished in order to protect women, we end up being seized by the idea that any sign of fashion or conventional beauty is automatically an attack against freedom and women’s ability of thinking, which translates into a rivalry between femininity and women’s progress.

Causing then that many other women can no longer express their pleasures, their worries or their interest for fear of being considered anti-feminists. We end up assuming that the love for fashion, makeup, certain kinds of magazines or even the dream of becoming a mother or a wife mean an instant betrayal to female community.

If there’s something I’m sure of is that this confrontation generated between fashion and feminism is a terrible regression in feminist development. Because we end up judging and turning against an industry that should not have any reason to mean something opposite to feminism but rather the contrary. Fashion is no more than a vehicle for anybody’s self-expression, and the fact of judging it as something frivolous and superficial ends up contributing even more to that misogynist mentality where someone else gets to decide what is superficial and what isn’t.

The fashion Industry is a multibillion business that can come to touch identities, dreams, art and personalities, so why misjudge it as something frivolous and empty when we could use it in our favour? Moreover, in this misunderstanding of things we’ve also ended up sending the fight of feminism to somewhere completely wrong. Feminism shouldn’t be a matter of appearances. Feminism has in principle the purpose of building a world where women, ALL OF THEM, get the chance of having a life where they can be who they want to and where they are capable of expressing themselves as they please to. It’s about making sure that women, again, ALL OF THEM get to live without any type of violence or aggression, making sure that they get Access to education, care, health and fair salaries, so when did we started believing it was about how they look or how they dress?

Feminism should not try to improve women’s self-esteem but to make sure they know their value as people. Feminism isn’t about going against everything considered pretty in a women but about reshaping society so that youth, beauty and sensuality do not mean their value.

Furthermore, the fashion industry celebrates their influence, their aesthetics and their culture, but fails in taking the political responsibilities that this influence involves. It is time for the people in the industry to begin understanding this message, but also, it is time for people on the outside to understand that feminism is about values, not appearances, and therefore being feminine, having a sense of style or liking fashion has nothing to do with standing against this declaration, because the aesthetic or style of a woman shouldn’t have any reason to come against her intellect nor her acts.

Today’s feminism should expand its horizons. Stop worrying about how much Photoshop is used on magazines and start focusing its energy into figuring out how to use this industry as a tool for empowerment, that instead of upsetting women it can support them, becoming one more vehicle through which they can express who they are, without any judgements, critics nor labels to an accepting and open society.

Publicado por Fer Rodríguez.

21 ♡ | Fashion Designer | Playa del Carmen - León, Mx |

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